¡Exprésate!  

Pedro, El Desierto

Pero nadie le contesto, y no volvi? a insistir

By Noel Gutierrez
Published on LatinoLA: May 13, 2003


Pedro, El Desierto


??Como cuanto falta??

?No se?

"?Y si mejor se van Uds.? Si, mejor v?yanse y cuando me sienta mejor yo le sigo solo. V?yanse. ?Me estas Oyendo Pedro? V?yanse. Yo despu?s le sigo solo. Deveras... v?yanse.?

A esto ?ltimo ya no recibi? respuesta. Les hab?an dicho que tendr?an que caminar tres noches hasta encontrar la carretera donde una camioneta roja los estar?a esperando para llevarlos a Los ?ngeles. Jos? estaba recostado bajo un matorral con su mano en una herida que parec?a cada vez peor. Todo el d?a la hab?a pasado pidi?ndoles que se fueran sin ?l, que ?l despu?s seguir?a solo, y con un silencio indiferente le confirmaban que as? lo har?an. Las dos noches anteriores hab?a logrado caminar a la par con ellos, pero era cada vez m?s evidente que esa noche ya no podr?a m?s, y seria abandonado a su suerte en aquel desierto que les hab?a tocado cruzar.

Pedro estaba sentado bajo el mismo matorral, con sus manos abrazadas a sus piernas, y sus ojos vagando entre el horizonte y Jos?. Los otros dos hombres estaban bajo un matorral igual de seco. Hacia calor y pens? que deber?an ser las tres.

Un zumbido seco, como el de ramas ardiendo no le permit?a dormir a Pedro. Desde que hab?an entrado al desierto lo hab?a escuchado, y pens? que deber?a ser por tanto sol, o por el hambre. Los otros dos hombres tambi?n escuchaban el zumbido, pero no les molestaba. A Jos? solo le alcanzaba ya la vida para hablar un poco, y escucharse a si mismo, pero la primera noche ?l tambi?n hab?a escuchado el zumbido, y entonces hab?a dicho, ??Oyes eso Pedro? ?Oyes eso??

Pero nadie le contesto, y no volvi? a insistir.

Pedro tomo un pu?o de tierra y lo dejo escurrirse entre los dedos poco a poco; cuando su puno se quedo vac?o miro el horizonte y pens? que deber?an ser las cuatro. Poco a poco el cansancio se hizo m?s fuerte que el zumbido en sus o?dos, y se quedo dormido.

Cuando volvi? a despertar el sol ya se hab?a metido, y los dos hombres ya se hab?an ido. A Pedro no le sorprendi? esto pues pensaba que se debieron haber ido desde mucho antes, desde que la bala hab?a rasgado el costado de Jos?. Todo el d?a aquellos dos hombres, que los hab?an acompa?ado desde la frontera, la hab?an pasado callados como si la bala que hab?a herido a Jos? los hubiera dejado mudos a los dos. De vez en cuando echaban un vistazo como para ver si ya se hab?an muerto y poder irse, pero no dec?an nada.

Esa misma ma?ana, despu?s de caminar toda la noche, los cuatro se hab?an sentado bajo el mismo matorral. Ah? juntos se repartieron lo que les quedaba de agua por partes iguales, en silencio, y sin disputa alguna. Luego con el pretexto de buscar mejor sombra, aquellos dos hombres, se fueron a otro matorral. Poco a poco fueron buscando la sombra de matorrales cada vez m?s lejanos hasta que sus ojos se hicieron indistinguibles en la distancia. Entonces cuando Pedro vio como paraban el cuello desde lejos, para mirar a Jos?, supo que cuando se quedara dormido aquellos dos hombres se ir?an, y que ?l se quedar?a ah? solo con Jos?. Por eso fue que no le sorprendi? no encontrarlos al despertar.
En realidad ?l tambi?n quer?a irse. Era insoportable seguir ah? en medio de la nada, pero no pod?a dejar a Jos? ah? muri?ndose. Ten?a miedo que de irse en ese momento, muchos a?os despu?s, en alg?n lugar lo fuera a absorber el sentimiento de que Jos? segu?a vivo, muri?ndose, debajo de aquel matorral. Por eso tenia que estar ah? hasta que Jos? muriera.

Ahora que aquellos dos hombres se hab?an ido, y estaban solos los dos, perdidos en el silencio de la madrugada, todo parec?a mas tranquilo, y por un momento sinti? que todo estaba bien.

?Ahora que lleguemos a Los ?ngeles luego luego empezaremos a trabajar, ya vera.?

Ya hacia horas que Jos? no hablaba. Lo mas seguro era que ya estuviera muerto, pero aun as? Pedro le segu?a hablando con su mirada en el suelo.

?Me dice Juan que trabaja de jardinero, y que nos conseguir? trabajo con ?l?.
Pedro miraba hacia donde cre?a estaba la carretera para no ver la cara de Jos? mientras le repet?a la misma platica que le venia contando desde que hab?an salido de Cicacalco.

?Yo nom?s juntare pa pagarle a Don Miguel y me regreso, pero si Ud. quiere se queda un tiempesito mas. A lo mejor hasta junta para traerse a Mika y al Josecillo. Si, ya vera que luego luego empezamos a trabajar. Juan dice que hay veces que ni siquiera descansa, y que los gringos pagan bien. Dice que una vez le toco trabajar en la casa de un gringo que tenia un Jard?n bien grande; que estaba tan grande que se tardo tres d?as en terminarlo?.

Luego pausaba para que todo quedara en silencio para ver si escuchaba alg?n quejido o algo que le indicara que Jos? aun estaba vivo, mientras rascaba el suelo con sus dedos para que le ruido de sus u?as contra la tierra compensara por la falta de respuesta. Seguia con su mirada puesta hacia el norte, y no se atrevia a mirar a donde Jose estaba acostado.

No supo el momento exacto en que Jos? muri?. Su ?ltimo suspiro se hab?a quedado perdido como la arena revolcada bajo los pies de Pedro. Estaba en la misma posici?n en que lo hab?a dejado la noche anterior, y sin tocarlo Pedro supo que Jose hab?a muerto. Ah? sobre el suelo, por alguna extra?a raz?n, Jos? parec?a ser un hombre m?s peque?o que el que hab?an sido unas horas antes cuando todav?a estaba vivo. Le toco la frente y lo sinti? fr?o como el suelo. Pronto iba a salir el sol e iba a tener que esperar hasta la noche para poder irse. Hacia fr?o y se cruzo de brazos metiendo sus manos en las axilas. Se tiro sobre su costado y se quedo dormido.

Ninguno de los dos hab?a estado antes en el norte. No fue hasta que Pedro se vio tan endrogado con Don Miguel que se vio forzado a irse en busca de trabajo. Les hab?an dicho que en el norte hab?a trabajo para todos; que el norte era un lugar inimaginable, pero lo ?nico que hab?an visto hasta ahora eran dos camionetas verdes de la migra, y una bandera estadounidense a la orilla de de la frontera, pero aparte de eso todo era desierto. El norte aun quedaba m?s all?. Cuando las banderas aumentaran, pens? Pedro, entonces si estar?an en el norte que buscaban aunque ahora pareciera que despu?s de tanto desierto no encontrar?a nada.

El olor de la noche no levanto los ?nimos de Pedro. Era hora de partir, pero no se apresuro a levantarse. Por un minuto pens? que de encontrar trabajo de inmediato estar?a de regreso en Diciembre. El fr?o y la luna le recordaron a su pueblo que desde ah?, tirado sobre el suelo, empez? a extra?ar en el preciso momento que por primera vez se dio cuanta de dos cosas. Uno que estaba solo, era de noche y no sabia donde estaba, y segundo que los grillos hab?an empezado a cantar.

Solo, con pasos d?biles se adentro en aquella oscuridad impenetrable, de la cual parec?a no podr?a volver a salir, en busca de aquella camioneta roja que ha decir verdad ya no esperaba encontrar.


About Noel Gutierrez:
Noel Gutierrez, 26, was born in Watsonville and is currently living in Covina, CA. He graduated from UCSD in 1998 and is currently working on my teaching credential.




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